Opinión de la crítica


Las artistas Soucy Pellerano y Marianela Jiménez.

*Ignacio Nova es Historiador del Arte (Universidad de La Habana, 1983). Escritor, ensayista, catedrático universitario,  actor y director teatral. Ha sido asesor cultural y artístico de importantes instituciones oficiales y privadas de la República Dominicana y editor y director de Contemporanía, revista del arte en el Caribe Internacional. Presidió (1996-99) la Sección Dominicana de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA-RD). Actualmente es crítico de arte y colaborador de las páginas editoriales del periódico Listín Diario de la República Dominicana.

 

Enhorabuena: dos madres del arte nacional

Por Ignacio Nova*

Es un gratificante honor que Contemporanía, Centro de arte y cultura inaugure su nuevo local con una exposición en homenaje a Soucy Pellerano y Marianela Jiménez. Y, tan significativo como esto, que alrededor de esta iniciativa se congreguen figuras estelarísimas de nuestro arte.

La presencia de Enriquillo Amiama, José Félix Moya, Osiris Gómez, Alberto Houellemont, Elsa Núñez, Miguel Núñez, Fernando Peña Defilló, Guillo Pérez, Iris Pérez, Willy Pérez, Carmen Pool, Amaya Salazar, Luz Severino, Rosa Tavárez y Alberto Ulloa, quince autores comprometidos con la renovación del discurso visual y la calidad, atestigua la estima que los pensadores-artistas tienen por los aportes de estas dos abnegadas y singulares mujeres y otorgan la posibilidad de apreciar un significativo rango del arte nacional.

Y no podía ser de otro modo: Marianela Jiménez y Soucy Pellerano constituyen dos íconos del arte dominicano del siglo XX; dos figuras egregias y emblemáticas de la renovación artística dominicana.

Ellas encarnan, además, ese tipo de artistas tan propio de su tiempo y alimento de sus inspiraciones, que sacrificó todo por defender el derecho a la expresión plena de los rasgos personales, por atestiguar sus preferencias y conceptos en su ejercicio estético.

Si a valorar fuésemos sería cuesta arriba ignorar que la obra de Marianela Jiménez realizada a partir de los cuarenta, de la que exhibimos inmejorables ejemplos, la colocan como la representante definitiva del expresionismo dominicano. Un expresionismo bebido de la libertad de la enseñanza que insuflaron Hausdorf Y Gausach al espíritu y metodología docente de la recién formada Escuela Nacional de Bellas Artes como a sus propias academias.

Ese expresionismo, esa libertad se avino al temperamento firme y aguerrido de Marianela, una mujer para la que la pintura es materia y gesto, pasión y color: fuerza. Bajo sus temas iniciales corría, además, el influjo humanista de su padre, el formidable escritor y educador Ramón Emilio Jiménez, a quien el país adeuda el amor al terruño idílico y sus tradiciones, las savias anhelantes de la prosperidad y la solidaridad. Y corría también la evocación de su ambiente familiar, la autobiografía.

Soucy Pellerano, en cambio, protagonizó otro halón en nuestro arte: lo impulsó hacia el cinetismo, el ready made, la esculto-pintura y las instalaciones. En 1965, su arte fue parte del proceso de reclamo de libertades. Con sangre ligada al esplendor de los trinitarios, no podía esperarse otra cosa de Soucy. Aunque inicialmente se autoconcibió escultora, ella acompañó un buen trecho a las renovaciones abstraccionistas, incorporando un código híbrido alusivo a la mecanización y a la libertad: sátiras y absurdo.

Tanto en pintura, como en escultura, Soucy Pellerano ha dejado una obra motivada en las experiencias endógenas aunque reñida absolutamente con el mercado del arte, completamente de izquierda, ejemplo de rebeldía. Radical y conceptuosa, es también la propulsora en el país del arte conceptual que luego retomaron algunos autores de la generación del ´80.

Profesoras ambas, dedicaron esfuerzos a la formación de nuevas generaciones de artistas. Y su arte se mantuvo como un lugar invariable ante las mutaciones sociales y las pérdidas de la identidad que acarreó la desideologización.

Marianela Jiménez expone piezas de su autoría realizadas en los años cuarenta, cuando apenas contaba 18 o 19 años de edad. En estas, de incalculable valor para el coleccionismo artístico, exhibe su temperamento de aplicaciones pastosas y gestos ampulosos junto a sus garras de pintora de fuste. Para comprender que un artista pintase de ese modo a tan temprana edad debemos recordar que Marianela Jiménez era, por decir, la niña precoz de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Entró a ella a la edad de doce años, mereciendo la atención y la estima de los artistas inmigrantes, sobre todo de Hausdorf y de Gausachs. También de doña Celeste Wos y Gil. Todos ellos dejaron retratos de Marianela. El cariño se entendía: el padre de Marianela Jiménez, el escritor y educador Ramón Emilio Jiménez, fue la persona designada oficialmente para recibir a los inmigrantes de la Guerra Civil Española y ubicarlos. La artista lo recuerda como un momento especial en su vida.

Las pinturas de Marianela Jiménez que se exhiben en “Dos madres del arte nacional” abordan lugares y personajes de entonces a los que se suman sus temas autobiográficos y los de la idealización del trabajo, en los que tanto tiene que ver la inspiración en la poesía de su padre. También tres retratos de una colección en homenaje a artistas por ella admirados: Vela Zanetti, Hernández Ortega y Eligio Pichardo; dos pinturas de su viaja a Israel, una bella obra que expone a las hermanas Mirabal como las Tres gracias del país. También paisajes de pueblos hoy desaparecidos, ríos y marinas.

La libertad es el signo de Marianela. Y la espontaneidad, su mayor destreza. Sus acuarelas se resuelven en rítmicos acentos, ocres y luminosos; y sus pinturas, en una pastosidad densa y trazos amplios con los que sólo pueden pintar los maestros.

De Soucy Pellerano se exhiben piezas de factura actual y otras de su colección crítica al trujillato en las que se desenvuelve con maestría en la esculto-pintura u objetos hechos (ready made) o en sus materismo abstracto. También esculturas de sus típicos maquinotrones, con las que tanto reconocimiento local e internacional ha obtenido.

Ellas son, como se puede apreciar en esta exposición, madres de muchos de los más radicales postulados del arte dominicano de hoy. Madres, en fin, del arte nacional.