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Destacado pintor, reconocido como el Renoir dominicano. Nace en Santo Domingo en 1959. Realiza sus estudios de arte en la Escuela de Arte de Cándido Bidó; Escuela Nacional de Bellas Artes, donde obtuvo primeros premios en dibujo y pintura, durante sus años de formación académica, completando los programas en estas categorías; Realizó estudios de Arquitectura y Publicidad en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Cuenta con más de 15 exposiciones individuales en República Dominicana y Puerto Rico y ha participado en casi un centenar de exposiciones colectivas en Santo Domingo, Estados Unidos, Francia, Puerto Rico, Panamá y Chile.
La sólida presencia del arte de Miguel Núñez en los amplios estamentos de la sociedad dominicana garantiza cada vez más su proyección internacional. Afirmado sobre la preferencia endógena, el arte de Miguel Núñez toca las fibras más sensibles de una sociedad que desea experimentar las virtudes de toda estética que el tiempo histórico le impidió conocer. Posado sobre la tradición europea de finales del siglo XIX que va del romanticismo al impresionismo, Miguel nos presenta el entorno nacional: rural, histórico, urbano y el paisaje desde la perspectiva y la emoción por la luz, el color y lo bello. Es, por esto, el Renoir dominicano. Su descriptiva contrapuntea los antípoda posibles entre academia y renovación. Porque si el país ha mostrado particular sensibilidad y preferencia por las obras de Miguel Núñez, se debe a que su arte llena el vacío del alma nacional, de la entidad postmoderna que somos como individuos y sociedad, el ansia de un arte de academia no tenido desde Urdaneta, Desangles y Schiffino, academia no cumplida y abandonada a destiempo por las tempranas incursiones del arte nacional en el espíritu de las vanguardias a la que se inclinó la educación oficial dominicana desde 1943.
Y porque aprecia sus indiscutibles calidades de diestro dibujante, sus atinados gustos, sus reiteradas alusiones al mundo de la virtud, la gracia y la dignidad; su sensibilidad por la belleza del paisaje y su libertad expresiva. Con ellas transfiere su emoción intensa al rostro nacional que subyace en sus paisajes, ya emblemáticos, y a sus percepciones de la luz local, de su color, fulgurantes”.
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